Fue fundada en septiembre de 1992, por los historiadores Ana María di Cesare, Gerónimo Rombolá, el importante coleccionista, Salvador Arnaldo D´Abrescia y, la bibliotecaria y escritora Beatriz Ferraro.
Entre 2012 a 2020, contó con la Sra. Margarita Paroli, restaudadora y estudiosa de los temas de la Ciudad.
“En cierto momento Boedo estuvo a punto de recibir
los dones del amor que el Intendente Noel tuvo por su ciudad.
El proyecto de un “Buenos Aires verde”
quedó archivado entre siete planos.
Los que habitamos Boedo sabemos que carecemos de plazas, salvo la que algunos vecinos formaron con tenacidad en Independencia y Muñiz, en el predio que ocupara la vieja escuela F. Ameghino. Excepto ese trocito encajonado entre edificios, cuando queremos pisar césped o que nuestros hijos jueguen, debemos trasladarlos a Parque de los Patricios, Parque Chacabuco o Parque Centenario. Estamos resignados, como si fuera una maldición fundacional que le negó pulmones a este retazo tan sobresaliente de la Capital.
Sin embargo, alguna vez alguien pensó en darnos parques y anchas arterias de paseo, Fue en 1924, durante la intendencia de Carlos Noel, época en que se formó la Comisión de Estética Edilicia, movida por lo que hoy denominaríamos: "una preocupación ecológica".
Este intendente, llamó al país al urbanista y paisajista francés J. C. N. Forestier quien estudió la Ciudad, el clima, plantaciones, zonas libres y costumbres, proyectando reformas para distintos parques de Buenos Aires, como así la creación de nuevas plazas, coincidiendo con las anteriores propuestas de la Comisión de Estética Edilicia.
Una diferencia de criterios consistió en que esta última privilegió la idea de dotar de nuevos espacios verdes a la ciudad por sobre los ya existentes. Ella había respondido al llamado de distintas Asociaciones de Fomento, encontrando justificadas las demandas vecinales para crearlos asegurándole a la ciudad las necesarias condiciones higiénicas y de esparcimiento.
Para cumplimentar el proyecto debían expropiarse en la capital 924 hectáreas: así, de tener un 6% de espacios verdes se hubiese pasado a un 13%, guarismo aceptable al compararlo con los porcentajes de Viena (25%), Londres (20%) y París (12%). El urbanista francés estimaba que había que estirarse como mínimo a un 14%, ya que se calculaba en aquel entonces que a cada habitante le era necesario 7 m2. de espacios libres.
Las consideraciones que al respecto hizo la Comisión, al leerlas en el decurso del tiempo, tienen un velo de "comicidad": Buenos Aires superó cualquier estimación. Se avenían a ese 14% considerándolo más que suficiente ya que:
I- A causa de un proyecto según el cual se establecía la altura y volumen de la edificación así como la proporción de patios interiores, se evitaría en el futuro la densidad excesiva de edificación "que tanto perjudica la salubridad de las grandes urbes modernas, conjurando el peligro de la inevitable congestión". Los funcionarios no pudieron anticipar grandes moles con departamentos de 30 m2., sin patio y con ínfima ventilación.
II- "Entendemos que la condición particular de ser nuestra Capital una ciudad portuaria que goza del inmenso beneficio de la vecindad del Estuario del Río de la Plata, viene a determinar sus ventajas sobre las grandes metrópolis mediterráneas antes citadas". Tampoco previeron que el río dejaría de bañar gran parte de la ciudad de Buenos Aires.
IlI- "Buenos Aires en su zona de extensión no tiene la densidad de población que acusan aquellas mismas capitales europeas"... "Nunca podrá llegar a una congestión que exija aquella proporción de espacios libres". Hoy es la quinta ciudad del mundo.
IV- Se recomendaba la adquisición de la mayor cantidad de "Reservas de terreno", para asegurar el futuro desenvolvimiento de la Capital.
Consideraban que la tierra iría valorizándose, imposibilitando así su compra futura. Tomaban como ejemplo la zona del bañado de Flores en el que se haría un parque-bosque de 660 hectáreas, de las que debían comprarse 330, las cuales en ese momento se conseguían a precio ínfimo ya que en su mayor parte eran inundables. Pero que en pocos años las obras de del Riachuelo harían desaparecer las inundaciones. esas tierras que serían Ocupadas por fábricas nuevas o desalojadas de las zonas centrales adquirirían gran valor. En aquél momento se privilegió la compra de terrenos para oxigenar la ciudad con muchos "pulmones", y no para edificar.
Pero la cuestión no terminaba en las plazas y jardines. Dado que Buenos Aires había nacido con el molde de las ciudades españolas, tenia como centro la Plaza mayor (Plaza de Mayo), pero a medida que la ciudad se desarrolló los nuevos núcleos urbanos se alejaron y diferenciaron del antiguo centro neurálgico. Por eso se proponía la construcción de grandes arterias diagonales, que abriéndose en forma de abanico hacia la periferia, unieran plazas, edificios públicos, centros comerciales, acelerando la comunicación; pero que principalmente, por su trazado y recorrido irregular, pondrían una nota de pintoresquismo ya que serían avenidas-paseos de mayor anchura, arboladas, con un arreglo particular que las convertiría en verdaderos centros de esparcimiento.
EL PROYECTO EN BOEDO
Ahora bien, en conocimiento de esta propuesta de reforma veamos en el plano, como hubiera quedado modificado nuestro barrio:
1- Un hermoso parque de 4 manzanas entre Humberto Primo, Virrey Liniers, Cochabamba 24 de Noviembre, llenaría nuestra atmósfera de oxígeno.Sabemos que eran tierras a expropiar. Esos terrenos estaban a unos 100 m. de los Talleres Vasena, hoy Plaza Martín Fierro.
2- Una diagonal-jardín, de 500 mts., prolongación de Oruro, nos llevaría desde Carlos Calvo y Rioja hasta Independencia y Boedo, donde hay otra plaza. Observando el pie del plano vemos una avenida arbolada sobre Jujuy que viene de Plaza Once, se dirige por Chiclana hasta Garay y Deán Funes; luego, por la calle Oruro y su prolongación llega hasta Independencia y Boedo, conformando un circuito de avenidas-paseos.
3- Una plaza pequeña queda delimitada por EEUU., Maza, Independencia y Boedo. En honor a la verdad, debemos reconocer que aunque se repite una y otra vez en los planos, no hallamos definida su situación en las nóminas de las obras a realizar.
4- Tan cerca nuestro, que apenas despega del mapa actual de Boedo, otro magnífico parque: Asamblea, Av. La Plata, Tejedor y Doblas (aunque la previsión del proyecto la llevaba hasta Viel, también en terrenos a expropiar). Quedaba enmarcada por 2 bellas diagonales.
5- Una, de Asamblea, Av. La Plata y Directorio. Obsérvese que tenía su origen en Asamblea, lo que tornaba fluída la comunicación entre Caballito y Parque Chacabuco. En su prolongación con la siguiente diagonal establecían una conexión forestada entre Parque Chacabuco y Parque de los Patricios.
6- Otra, que atravesaba el corazón de nuestro barrio, desde San Juan y Av. La Plata hasta Liniers y Caseros, desembocando en el Parque de los Patricios, acortando las distancias entre las zonas SUR-ESTE y NOR-OESTE de la Ciudad. Esta tendría una longitud de 1850 mts.
7- Por último una pequeña diagonal de 150 mts. desde Loria y Brasil a Chiclana y Liniers, que tenía por función unir Chiclana con Brasil
Debe destacarse el valor estratégico de esta pequeña modificación.
Estos proyectos compartidos entre la Comisión de Estética Edilicia y el arquitecto Forestier se basaban esencialmente en el mejoramiento de la habitabilidad de la urbe porteña. Un ejemplo claro de esta intención era que se consideraba necesario una distancia de no más de 250 m. (o sea 5 minutos de caminata de un anciano con niños) entre un jardín de juegos y otro; igualmente una separación no mayor de 500 m. (10 minutos de caminata) entre plazas.
La realidad nos mostró que este proyecto no germinó, y Boedo se quedó solamente con el verde de las copas de los árboles
* Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.
Ellos, triste carga mercante, tienen el mérito de haber creado la primerarepública latinoamericana. Modelo de vehemencia paralos pueblos de hoy que ambicionen metassemejantes.
Cuando soplaba el viento norte la ciudad entera oía los lamentos de los hombres negros que habían sido depositados con otras mercancías en las barrancas del retiro. Gemían porque sus duelos eran absolutos. Sin embargo el esclavo no se agotó en el llanto ni en el efecto narcotizante del “stramonium” que fumaba.
Lo mantuvo atentos la esperanza de recuperar su dignidad.
Los negros haitianos con sangre e ideas de la Revolución Francesa, fraguaron la primera república de nuestro continente. Otros compañeros de infortunio organizaron en el noreste brasileño el Estado de Palmares, que sostuvieron durante más de cien años resistiendo heroicamente a paulistas y holandeses; fue la rebelión de esclavos de mayor duración que conoció la historia. El cine se encargó de difundir las actitudes de los habitantes de Numancia y Massada frente a los romanos, pero los americanos ignoramos que los esclavos cubanos burlaban a sus amos suicidándose en masa.
En el Río de la Plata la resistencia no fue cruenta, se asociaron manteniendo las tradiciones africanas tanto como les fue posible… hasta que las ideas y venidas del ritmo negro – por esas extrañas bromas de la vida- parió al tango blanco.
Oleo: Pedro Fígari
Se calcula que alrededor de 2.400.000 esclavos ingresaron en la América española. Para Brasil se comprueban unos 4.000.000. ¿Por qué si en los primeros momentos de la colonización la Corona española prohibió la entrada a todo aquel que no fuera de viejo linaje cristiano, fomentó luego este tráfico? Las causas estructurales e ideológicas, sumadas, se resumen así: comprendió que se necesitaba mucha más mano de obra para las tareas de la nueva economía que la que los indios podían brindar.
Para mejor sustento de esta determinación, a las demandas de cabildos y personajes, se sumaron las apreciaciones de los religiosos jerónimos y de Fray Bartolomé de las Casas, que apoyaron la aberración de la esclavitud negra con el fin de defender la situación del indígena.
A este último sacerdote, según sus declaraciones, no le alcanzaría la vida para arrepentirse.
La Corona firmó para Buenos Aires dos “asientos” (contratos); uno, en 1708, con la Compañía Francesa de Guinea, que tuvo sus barracas en el Parque Lezama; y el otro, en 1713, con la Compañía Inglesa del Mar del Sud, cuyas barracas estaban en Retiro.
Es estos depósitos, obviamente, los hombres negros, se acumulaban junto a las demás mercancías.
En cada región de América el esclavo tuvo un desempeño y consideración diferentes. En el Río de la Plata, se lo destinó a las tareas rurales, oficios, artesanías, tareas domésticas y, el trato en general fue bueno.
Cuando la severidad del amo sobrepasaba los límites, el esclavo pedía podía pedir carta de venta y cambiaba de dueño, así como compraba su libertad. En Buenos Aires el hombre negro gozó del ocio; gracias a sus ocupaciones podía realizar trabajos particulares, entregando al amo sus ganancias, y en cuotas, conseguir su emancipación.
Pero ellos no solo fueron escoberos, panaderos, hormigueros, amas de leche y lavanderas; también desde las primeras luchas de la independencia, estuvieron en el frente. Cuando el general San Martín, preparaba su ejército, pocos eran los porteños que se enrolaban, de modo que se dispuso que cada propietario debía vender uno de cada tres esclavos para las milicias. Así, regaron con su sangre esclavizada las tierras de sus amos, luchando por la libertad ajena. Y lo hicieron con valentía… Cuatrocientos de ellos cayeron, tan solo, en Chacabuco.
De la desaparición del hombre negro en Buenos Aires es fácil percatarse. La anterior fue una de las causas. Los cuadros demográficos muestran mermas sugestivas.
Padrón de 1836 – Población negra 24% Padrón de 1858 – Población negra 20% Padrón de 1868 – Población negra 9% Padrón de 1887 – Población negra 1,8%
Otras causas: a) La actividad ganadera, donde pocos hombres se hacen cargo de cientos de animales, hizo innecesario continuar la importación.
b) Con el enrolamiento de los hombres negros se produjo un desequilibrio entre los sexos que condujo al mestizaje y posterior blanqueamiento.
c) Las epidemias de viruela y de fiebre amarilla, hicieron estragos entre ellos.
Su grito de libertad en estas tierras fue el sostenimiento de los patrones culturales africanos. Lo conseguían a través de las asociaciones mutualistas, en las que se agrupaban de acuerdo a su región de origen. Calcados de las sociedades secretas del África Occidental, los primeros grupos se constituyeron de hecho; rápidamente cobraron una estructuración compleja con estatutos, libros de contabilidad y un orden jerárquico. La finalidad primordial era la de recaudar fondos para comprar la libertad de sus hermanos de raza, asistir enfermos, comprar terrenos para edificar las sedes. Estos predios estuvieron ubicados en el barrio de Monserrat, de la Avenida Bernardo de Irigoyen al Oeste.
Oleo: Pedro Fígari
Al lugar se lo conocía como el Barrio del tambor, dado que era el instrumento preferido para sus bailes, o también Barrio del Mondongo. Respecto de esta última denominación, existe una controversia de si deriva del alimento homónimo que los negros consumían a causa de su pobreza, e iban a buscar a los cercanos mataderos; o si el apelativo “mondongo”, se formó a partir de una región congolesa “Dongo” , sumado al prefijo santú “mu” , de lo que resulta “mudongo”.
Estas asociaciones eran conocidas como “naciones” o “candombes”, entre los más conocidos estaba el de “Grigera”, que funcionó en México 1265 entre 1823 y 1901. La nación “Cabunda”, en la calle Chile entre Santiago del Estero y Salta, fundada en 1823, subsistió hasta bien entrado el siglo XX. La “Benguela”, funcionó en México 1272. La nación “Congo Augunga” estuvo en la calle Santiago del Estero, casi San Juan.
Estas asociaciones desaparecieron por efecto de la transculturación, las generaciones jóvenes, ya no deseaban conservar las tradiciones, sino sumarse a los patrones culturales occidentales que gozaban de prestigio “civilizado”.
Murió la tradición africana y murió el hombre negro entre nosotros, a punto tal que los diarios de 1880 en adelante, hacen noticia de esos seres que desapareciendo se convertían en personajes: Cayetano Pelliza, Matías Rosas, Mariana Artigas, Benedicto… ébanos de dolor en papel prensa.
Versión para Internet del artículo publicado en septiembre de 1993
Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.
*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.
Foto: Obras en la Casa Rosada, para el recibimiento de Campos Salles
Siendo presidente de la República del Brasil,
el doctor Manuel Ferraz de Campos Salles (1846-1913),
arribó en visita oficial a Buenos Aires en 1900. Inusualmente para el protocolo las autoridades prepararon
un fastuoso recibimiento que fue origen de comentarios que perduraron
por más de una década. En florido y brillante estilo las notas periodísticas describían los detalles del acontecimiento.
La llegada deCampos Sallesfue un gesto de alta política que alivió el sentimiento preocupado de la población de Buenos Aires dominado por el fantasma bélico, resultante de los conflictos limítrofes existentes, aún sin solución. Esta visita retribuía la realizada el año anterior por el presidente Julio A. Roca a Río de Janeiro, ambas con finalidad de reforzar la concordia internacional.
Lo original de la llegada del presidente M. Ferraz de Campos Salles fue el recibimiento fastuoso, hasta la exageración, que se le brindó aquél 25 de octubre de 1900.
La comitiva presidencial lo recibió en el recientemente construido Puerto Madero. Desde donde fue conducido al palacio Devoto que se hallaba en la esquina N.O. de avenida Callao y Charcas, cedido por su dueño a la Comisión de Homenaje, para ser puesto a disposición del mandatario brasileño. El trayecto estaba recubierto de flores y engalanado con arreglos especiales, ordenados por el intendente Adolfo J. Bullrich.
Este suceso motivó la filmación del primer noticiero argentino realizado por el fotógrafo Eugenio Py. Se registraron las principales escenas del desembarco del visitante, y esa misma noche, se proyectaron en la Casa de Gobierno.
Los efectos luminotécnicos constituyeron el detalle más sobresaliente de aquella faraónica recepción: los arcos voltaicos y las luces de bengala iluminaban, otorgándole un brillo especial a la flota fondeada en el río. La luz fue el epicentro de la celebración y vehículo del ánimo bullicioso del pueblo.
Los árboles de la Avenida de Mayo, parecían plumeros iluminados; la Avenida callao mostraba columnas transparentes con guías formadas por lamparitas eléctricas, revestidas de celuloide con los colores argentinos y brasileños.
En el Palacio del Congreso –aun en construcción- se instaló un poderoso foco que iluminaba en toda su extensión a la Avenida de Mayo. Un dispositivo permitía girarlo hacia el norte y, entonces su haz llegaba hasta el Palacio Devoto donde se alojaba Campos Salles.
El centro de la ciudad recibía la luz de 70.000 lámparas eléctricas y 20.000 antorchas, volviendo imposible el reflejo de sombras en su perímetro. En la Plaza de Mayo, la pirámide fue recubierta por un armazón metálico construido especialmente para sostener las luces que la iluminaban; es el mismo que actualmente se utiliza como jaula para los cóndores en el Jardín Zoológico de Buenos Aires.
En su permanencia de diez días entre nosotros Campos Salles, de seguro encandilado por tanto resplandor debió cumplir un nutrido programa de actos, dentro y fuera de la ciudad. Estuvo en Talar de Pacheco, en el Mercado Nacional de Frutos, en la Exposición Rural Argentina y en la estancia La Martona de Carlos Casares. Asistió a un banquete en la Casa Rosada, a una recepción en el Centro Naval; a la velada de gala en el Teatro Opera y al baile del Jockey Club, que organizó en su honor una carrera denominada: Gran premio internacional. El programa de agasajos incluyó una parada militar, un corso de flores y un desfile de ciclistas.
El boato que el gobierno argentino desplegó para recibir al mandatario brasileño, fue objeto de críticas durante mucho tiempo.
Tal es así que doce años después todavía se oían comentarios sobre el vestíbulo rojo, los granaderos de gran gala, pajes, alabarderos, una pomposa marquesina en la escalinata norte de la Casa Rosada que contenía una galería tropical.
Por su impacto en la ciudadanía de aquellos tiempos, quedó fijada, también, la ostentación del ropaje de las damas que lucían “crepe de Chine” brocato, raso, lamé, diademas de brillantes, vinchas de perlas, gasas, tules, etc.
La ironía de tanto esplendor imperial, le hizo decir a un cronista en la segunda década de este siglo “¿Qué diablos les costaba haber puesto un ujier? Buenos Aires está lleno de pelagatos que hubieran hecho un buen ujier por sólo dos o tres pesos y una cosa de vino que les diesen al salir”
Versión para Internet del artículo publicado en Febrero de 1993
*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores. *La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.
Con frecuencia, frente a los culebrones de televisión,
nos reímos de las infinitas penurias de sus personajes y criticamos
la exageración del guionista que tanto los hace sufrir.
Fabián de Anchorena es una muestra de cómo la realidad supera a la ficción
y, de cómo la sociedad, venciendo arraigados prejuicios,
puede tomar posiciones de vanguardia frente a la incomprensión familiar.
Corría 1870. Aunque a sus veinte años, Fabián de Anchorena gozaba de todos los honores imaginables, gracias a su simpatía y a la inmensidad de su fortuna, uno podría imaginar que jamás había sido feliz.
Huérfano de padres desde los dos años, su infancia transcurrió junto a su abuela materna, doña Estanislada Arana y Andonaegui de Anchorena, cuya compañía, seguramente, no había sido un jolgorio, dado que la anciana había visto morir, no sólo a los padres de ese nieto, sino en el término de un año, a sus cinco hijas y al esposo. De manera que el único objetivo de su vida, era la atención del nieto: superficial, mimado y fascinante. Se cuenta que atildado en el vestir, Fabián vivía rodeado por una legión de amigos, compinches de trasnochadas, que eran motivo de los sermones familiares.
Asiduo concurrente al “Alcázar, descubrió entre las figurantas de la compañía lírica, a la que decidió sería la mujer de su vida: “La Gaviotti”, que no era joven, pero, en cambio, bellísima y coqueta. No fue un amor de palco a escenario y el 26 de agosto de 1870, decidieron casarse en la iglesia de La Merced.
Desde ese instante dejó de ser un tema privado entre dos enamorados para convertirse en la comidilla y un posterior debate de la prensa.
El cura, se negó a casarlos, la condición de artista de ella, la hacía sospechosa y tras comunicarles la decisión, les dio la espalda y, comenzó a retirarse. Fabián no se amilanó. A voz en cuello y dirigiéndose a Dios, manifestó que tomaba a esa mujer por su esposa, mientras ella lo repetía a su vez con respecto al hombre elegido. El cura Balán, comprendió que el matrimonio había quedado verificado, pero no dió brazo a torcer, informó al Obispo y al Tribunal de Justicia.
Ese mismo día por la fuerza pública y frente a una multitud de curiosos, fue arrancado de los brazos de su esposa y conducido al Departamento de Policía. Hicieron falta cuatro agentes para retirarlo del carruaje en el que fue llevado y, para recluirlo en la celda en la que quedó incomunicado.
El periodismo no abandonó la causa de Fabián. Se debatía desde la legalidad del matrimonio, a la causa por la que se lo mantenía en prisión, la cual en apariencia era una acusación de violencia sobre el cura de La Merced.
Grandes intereses, poderes que movían las piezas de la justicia, llevaron a que una acusación tan lábil, marchara muy lentamente. Recién en noviembre, la Cámara en lo Civil fijo fecha para la audiencia pública. Unos meses antes, el tribunal había recibido una petición con 15.090 firmas, reclamando la excarcelación del “reo”. Buenos Aires hacía suya la causa de los enamorados y, haciéndolo defendía la dignidad, la autonomía y la justicia tan ajenas a los tejemanejes de la influyente abuela.
La audiencia fue multitudinaria, no faltó un estudiante de derecho, un abogado. Había plena conciencia de que allí se enfrentaban la tradición de la aristocracia de convenir matrimonios entre los ilustres apellidos y un joven que defendía la causa del amor.
El tribunal fue presidido por Basilio Salas; integrado por Eduardo Carranza, Ángel Navarro, Enrique Martínez y Juan J. Alsina. La defensa la llevó Carlos D´Amico, que brillaba entre la intelectualidad porteña. El abogado de la contraparte, José Roque Pérez. El tribunal se expidió de manera por demás ambigua, a fines de noviembre: Fabián continuaría en prisión.
Mientras tanto su abuela no veía la forma de hacer anular “semejante matrimonio”. Encontró un medio, que a ella, no le pareció deshonesto, valerse de sus contactos en la Cancillería, para obtener de manera confidencial, información sobre La Gaviotti. Usaron al cónsul argentino en Génova. Transcurridos unos meses la reservada investigación fue puesta en conocimiento público.
La cantante procedía de una humilde familia de Alejandría. Josefina, la esposa de Fabián, era bígama. A los 16 años había contraído enlace con un carpintero. Toda la familia se había trasladado a Turín, donde el padre pasó a desempeñarse como portero del teatro Vittorio Emanuelle, mientras las hijas aprendían canto. Josefina, al poco tiempo huyó, abandonando a su esposo y a sus padres, a los que cambió por un ujier de Florencia con el que tuvo dos hijos. Finalmente había dejado, también esa nueva casa, para incorporarse a compañías teatrales, que terminaron en el casamiento con Fabián.
El cónsul argentino, había hablado con el padre de la artista, quien el contó emocionado, que había recibido una carta de su hija en la que ésta le contaba que había hecho gran fortuna y que pronto iría a buscarlo para que no tuviera que ocuparse más de menesteres tan humildes.
El diario “La nación” no terminaba de preguntarse si el Estado podía intervenir en asuntos tan privados. La cuestión es que el joven Anchorena recuperó su libertad. Vivió algún tiempo con su esposa en una residencia en San Fernando, antes de embarcarse ara Europa. Una vez que en Italia, pudo comprobar que el mal habido informe de su abuela era cierto, abandonó a la cantante y se afincó en París, dispuesto a olvidar con el consuelo de su inmensa fortuna.
Supo rodearse de la flor y nata: intelectuales, diplomáticos, mujeres hermosas, placeres. Así trabó amistad con el Príncipe Alfonso de Borbón. Decidió mudarse a Madrid, y cuando el príncipe se convirtió en rey, continuó siendo su amigo directo. Vivió en el lujo en medio de la aristocracia de sangre. Alfonso XII, agregó a su nombre republicano, el título de “Conde del Castaño” y le ofreció la gobernación de Filipinas, cargo que él declinó.
Ya divorciado y recuperado de “La Gaviotti”, se casó con la hija de los Marqueses de Peñaflor, Grandes de España.
Cuando un día, decidió venir a visitar a sus viejos amigos porteños, dejó a nuestra “provinciana sociedad”, anonadada. Aquí se quedaron murmurando con asombro, mientras él regresaba a sus yates, a sus palacios, a sus fiestas. Pero, María Luisa, su esposa, falleció. Había llegado el comienzo del fin de Fabián. Su fortuna había desaparecido, él, deprimido por la reciente pérdida, sólo atinó a volver a su país.
Pero no se dirigió a nadie para solicitar una ayuda, que los viejos amigos le habrían dado. Aceptó el cambio de su suerte, se instaló en Pirán, en un rincón de una estancia que había sido de su padre. Allí vivió retirado del mundo. El espíritu de ermitaño se le había hecho carne y, la menor posibilidad de relación con algún puestero, lo hizo huir.
En 1918, en Icano, una pequeña localidad de Santiago del Estero, la policía recogió en un rancho el cadáver de un linyera. Al registrar sus andrajos, por los papeles amarillentos que llevaba, pudieron identificarlo. Se trataba de Fabián Gómez de Anchorena, Conde del Castaño.
Versión para Internet del artículo publicado en septiembre de1994
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